Existe una creencia muy arraigada en el sector industrial: el EPP solo se desgasta cuando el trabajador lo utiliza en su jornada diaria. Debido a este mito, muchas empresas invierten miles de soles en adquirir equipos de protección personal de primera calidad, para luego apilarlos en estanterías sin controlar las condiciones ambientales del lugar.
La realidad es que el desuso no garantiza la conservación. Un almacén descuidado puede convertirse en una cámara de degradación silenciosa, destruyendo las propiedades técnicas de tus equipos antes de que el operario llegue a estrenarlos. Cuando esto ocurre, la empresa no solo sufre pérdidas financieras por obsolescencia, sino que pone en riesgo la vida del trabajador al entregarle un implemento debilitado.
1. La radiación UV y Calor
La luz solar directa y las altas temperaturas son los peores enemigos de los plásticos y las fibras sintéticas.
- Si almacenas cascos de seguridad, lentes de protección o arneses cerca de ventanas donde impacta el sol, la radiación ultravioleta romperá los enlaces moleculares de los polímeros.
- El plástico de los cascos se cristaliza y se vuelve quebradizo, perdiendo su capacidad para absorber impactos.
- Las fibras de nylon o poliéster de las líneas de vida y arneses sufren decoloración y debilitamiento térmico, reduciendo su resistencia ante una fuerza de caída libre.
2. La humedad y el Moho
El almacenamiento en espacios cerrados, sótanos o bodegas con altos niveles de humedad relativa activa la proliferación de agentes biológicos.
- El cuero de las botas de seguridad y los guantes de carnaza absorbe la humedad del ambiente, lo que genera la aparición de moho y hongos que pudren el material, volviéndolo rígido y propenso a rajaduras.
- En los equipos textiles, como chalecos o arneses, la humedad constante debilita las costuras de seguridad, creando un peligro oculto que es difícil de detectar a simple vista en una inspección rápida.

3. El ozono y químicos ambientales
Este es uno de los factores menos conocidos en la gestión de almacenes. El ozono (O3) es un gas reactivo que se genera de forma natural cerca de motores eléctricos, transformadores, tableros de alta tensión o zonas de carga de baterías para montacargas.
- Si guardas respiradores de silicona, mascarillas descartables o guantes de nitrilo y látex cerca de estas fuentes eléctricas, el ozono atacará directamente a los elastómeros.
- Este proceso, conocido como «ozonólisis», cuartea la goma y el caucho, provocando que las correas de los respiradores pierdan su elasticidad y los guantes se vuelvan pegajosos o se rompan como si fueran de papel al intentar colocárselos.
Para mitigar estos riesgos, la solución no es dejar de comprar, sino implementar una cultura de almacenamiento técnico. Mantén tu bodega ventilada, oscura, seca y alejada de fuentes eléctricas. Asimismo, aplica estrictamente la regla FIFO (First In, First Out / Primero en entrar, primero en salir) para asegurar una rotación constante y evitar que el stock antiguo quede olvidado en el fondo de la estantería.

